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por: Cristian Dussán🌊 querida ¡es hora de un segundo plan! despues de tanto volar quiero sentarme a editar, ensayar y recordar ese discurso que me hizo crecer, o por lo menos proyectar lo que me gusta y no me gusta de mi en algo en que me pueda reflejar "no hay maquillaje para quien no ve su reflejo por ningún lado" decÃa La Máquina de Hacer Pájaros" un artesano de espejos y no espejismos.
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Volando estuve un poco obsesionado con los cuentos de Andres Caicedo, me revolvieron el estómago de una buena forma, o bueno, el estómago habla, vi a tantos rostros queridos, tantos ojos hermosos sedientos de libertad, de deseo, extasiados por el ahora, por el calor, por la compañia, llega la hora de la noche en donde lo que buscamos no es oropel, donde lo importante es el amor y la compañia, y el sistema es lo que está constuido para que te hastÃes de ello.Â
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El tiempo se lleva todo, siento que ayer fue el rodaje de Murmurio, Alejo y Felipe estuvieron dandola toda para que lo hacerlo en la fecha que lo hicimos, fue un viaje muy lindo pero a la vez exigente por el tiempo que nos hace ponernos de acuerdo a tantas personas a llevar un proyecto de esa magnitud con los recursos que tenÃamos; al llegar fue la primera edición de Voltaje, en donde pudimos experimentar los sonidos, compartir con amigues aunque tambien fue el último evento en el que nos tocó recoger los equipos y las cosas, nos sentimos muy aliviados por ello posteriormente.
Al volar pude comprender muchas cosas, nunca habÃa viajado tanto tiempo con mi madre y fue una experiencia particular, pasaron muchas cosas muy simbolicas, boté todos mis documentos, perdà un vuelo un poco costoso, y no llego mi regalo de navidad que pedà por internet, igualmente nada de esas 'tragedias' se comparaba con la alegrÃa de viajar; visitar a mis amigxs que hace mucho no abrazaba, ir al festival de cortos de Bogotá - BOGOSHORTS, bailar salsa, visitar a mis familiares de Cali, bailar salsa, ir a Pance con la prima y ver a mi madre ofrecer sus rituales al rio, caminar por las calles de MedellÃn y abrazar esas ciudades que tanto me gustan, desbanecerme en los atardeceres de Santa Marta y dejarme ir por el mar del Tayrona.
ese mar que te cura, y te mece un bebe en la placenta, ese mar al que rezo y quiero llegar cuando viva y cuando me muera.Â