Murmurio: Carta Del Director
Murmurio
Murmurio recuerda el nombre de una instalación sonora de Mauricio Bejarano titulada “Murmurios”, en su presentación dice “Murmurio es el ruido de fondo que forma la corriente de las aguas o el que hacen las hojas de los árboles movidas por el viento” en esta instalación Bejarano propone que las imágenes sonoras viajan en un oleaje, está sensación de oleaje, una suave intensidad que se agita, rítmicamente, de manera oculta, marca el carácter de esta historia de suspenso.
Farsa de la ignorancia y la intolerancia en una ciudad de provincia lejana y fanática que bien puede ser esta de Gustavo Andrade Rivera es punto de referencia para instalar el mundo externo de los personajes, en un pueblo en el que las palabras crecen incontrolables, y modifican el espacio social. En la ciudad de provincia lejana, la actitud es de sospecha, de unos porque se conoce mucho y de otros porque no se conoce tanto. Así el murmurar del pueblo encierra a los personajes, los empuja hacia sus bordes.
La dimensión interna de los personajes puede referenciarse en cuentos como los de Allan Poe, Julio Cortázar, Mariana Enríquez, en que lo cotidiano se hace extraño, se tensiona pero no se rompe o solo se traspasa; también en con el modo directo y satírico que se lee en La Paz De Los Carteles de Humberto Tafur Charry. Algunos ejemplos de esta sensación se pueden identificar en las escenas oníricas de películas como Old Boy (2003) de Park-Chan Wook; Only God Forgives (2013) de Nicolas Winding Renf.
La fotografía se mantiene sobria, con una paleta de colores fríos, entre los azules y verdes vegetales, los rojos tierra. La iluminación mantiene un formato en Clave Baja, manteniendo en las escenas una sensación crepuscular. Se opta por uso de cámara en trípode en la mayor parte de las escenas, salvo las oníricas en las cuales se hace cámara flotante.
Está ambientado a finales de la década del 90 en un pueblo tradicional, los vestuarios de los personajes son tradicionales, pero de ningún modo folclórico, predominan los vestidos largos, de colores apagados, casi uniformados, excepto por Elida. Los vestuarios se adecuan los estados emocionales de los personajes por lo que van cambiando en la historia.
La música se mantiene lenta, sutil y misteriosa, con breves momentos de estridencia, sin ningún instrumento distinguible, predominan las texturas sintéticas y percusiones lentas e hipnóticas. Un ejemplo de ello es la música de Under The Skin (2013) compuesta por Mica Levi.
Este cortometraje es una reflexión sobre la forma en que vemos al otro, sore las ideas que aunque parecen desgastadas se mantienen vigentes, sobre la pérdida del lugar en un grupo social, y sobre todo, que el camino al infierno está hecho de “buenas intenciones”.